Tratamientos como Olaplex y otros productos “bond repair” o muy proteicos prometen reconstruir el pelo desde dentro. Son herramientas valiosas, pero cuando se usan sin control pueden dejar la fibra rígida, áspera y con más frizz del que tenías antes.
Los productos reparadores ricos en proteína buscan aportar fuerza y estabilidad interna. El problema aparece cuando se aplican con demasiada frecuencia, en todas las etapas de la rutina o en un pelo que, en realidad, necesita más lípidos y humectantes que proteína. En esos casos, el pelo se siente tieso, seco y pesado, se enreda con facilidad, pierde movimiento y se ve opaco. La falta de elasticidad hace que aumente el frizz y que el pelo se quiebre más fácil.
La clave está en el equilibrio. Lo ideal es usarlos una o dos veces por semana como máximo, según recomendación profesional, y alternarlos con productos nutritivos y lipídicos que devuelvan suavidad y manejabilidad. Si notas rigidez o aspereza, conviene hacer una pausa y enfocarte durante un tiempo en hidratación y nutrición.
Un pelo equilibrado en fuerza y elasticidad responde mejor a los tratamientos de salón: absorbe lo que necesita, lo retiene por más tiempo y mantiene su forma, brillo y suavidad. La reparación real no se logra acumulando capas de productos “reparadores”, sino dándole a tu pelo lo que necesita en la dosis correcta, combinando proteína, lípidos y agua de manera inteligente.