Leave-ins y cremas para peinar con keratina abundan en el mercado. Dejan el pelo suave, brillante y fácil de peinar, pero muchas veces ese efecto perfecto solo dura mientras el producto está puesto. La clave está en distinguir cuándo te ayudan y cuándo solo están maquillando el daño.
Muchos de estos productos combinan siliconas, acondicionadores fuertes y pequeñas dosis de proteína. El resultado inmediato es espectacular: el peine resbala, el frizz baja y el brillo sube. Pero en la mayoría de los casos ese efecto es cosmético, no una verdadera reparación interna de la fibra.
Con el uso continuo, se forma una capa acumulada que apaga el brillo real del pelo. Los tratamientos profundos ya no penetran igual porque la fibra está saturada; el pelo se vuelve pesado, sin volumen y depende del producto para verse bien. Cuando dejas de usarlo, aparece frizz de rebote y las puntas se sienten ásperas y quebradizas.
Esto va en contra de tus metas de salud capilar: no rellena de forma eficiente los huecos de un pelo poroso, no aporta suficientes lípidos ni humectantes para mantener el agua dentro y confunde “pelo con producto” con “pelo sano”. Los productos con keratina pueden tener su lugar como apoyo de styling, pero la base debe ser una rutina con mascarillas adecuadas, buenos hábitos de lavado y tratamientos profesionales que trabajen desde adentro, no solo en la superficie.