Los desbalances hormonales como alteraciones de tiroides, menopausia, perimenopausia o deficiencia de vitamina D no solo afectan tu energía o estado de ánimo: también se reflejan directamente en tu pelo. Entender esta relación ayuda a ajustar expectativas y a diseñar una rutina más estratégica.
Cuando hay uno o más desbalances hormonales, el pelo suele presentar porosidad alta, adelgazamiento y más caída, porque se altera el ciclo de crecimiento. En hipotiroidismo el pelo se vuelve más seco, áspero, frágil y con adelgazamiento difuso; se ve hinchado y con frizz. En hipertiroidismo el pelo se adelgaza, se siente suave, pero aumenta la caída y puede haber más sensibilidad en el cuero cabelludo.
En menopausia o perimenopausia se acorta la fase de crecimiento y se adelgaza el pelo por miniaturización del folículo: baja la densidad, la fibra es más fina y con menos brillo, y aumenta la porosidad por falta de lípidos. La deficiencia de vitamina D suma crecimiento lento, más caída, puntas resecas, pérdida de brillo y un cuero cabelludo más descamado y sensible.
Todo esto impacta la duración de tus tratamientos: en un pelo más poroso y delgado, los efectos suelen durar menos porque la fibra no retiene tan bien lo que aplicamos. La clave está en dos frentes: por un lado, atender la causa médica con tu doctor; por otro, en salón y en casa, aportar y sellar lípidos, usar termoprotección siempre, evitar calor excesivo y shampoos muy clarificantes, y seguir una rutina completa con productos profesionales. No es que el tratamiento “no funcione”, es que tu pelo necesita un cuidado más constante y específico para sostener el resultado.