La mascarilla se ha convertido en el producto estrella para “rescatar” el pelo, y es común pensar que usarla diario solo puede ayudar. Sin embargo, en un pelo poroso o sensibilizado, aplicar mascarilla todos los días puede ser parte del problema y no de la solución.
Cuando el pelo está muy poroso, no retiene bien lo que le aplicas. Es como una esponja llena de agujeros: absorbe rápido, pero también suelta rápido. Si sobrecargas una fibra porosa con mascarilla diaria, el pelo se hincha y se ve inflado, aumenta el frizz en lugar de bajar, se siente pesado y sin forma, y no necesariamente está mejor nutrido; muchas veces solo está saturado.
Tiene sentido usar mascarilla diario solo en casos muy puntuales: cuando sigues un protocolo específico de restauración indicado por un profesional o cuando tu pelo ya pasó por una terapia que mejoró su capacidad para absorber y retener nutrientes. En la mayoría de los casos, lo ideal es usar mascarilla de una a tres veces por semana según el daño, alternando entre hidratación, nutrición y reconstrucción, y siempre complementando con acondicionador y un leave-in ligero.
Cuando controlas el agua dentro del pelo y usas la mascarilla con estrategia, la fibra se mantiene más estable: hay menos frizz, menos quiebre y los resultados del salón duran más. La mascarilla es una gran aliada, pero no por usarla diario vas a tener un pelo más sano; lo que realmente marca la diferencia es elegir la adecuada, alternarla con inteligencia y respetar la frecuencia recomendada.